Limpieza física
La limpieza física es el primer paso en cualquier proceso de saneamiento efectivo.
Si una superficie no está físicamente limpia, la desinfección posterior no será eficaz, ya que los desinfectantes no pueden actuar correctamente a través de la suciedad, y microorganismos pueden quedar protegidos bajo ella.
Consiste en la remoción de la suciedad por métodos como barrer, sacudir, aspirar el polvo, raspar superficies para arrancar residuos de alimentos, aplicar agua a presión para remover residuos de los pisos y otras superficies.
Esta puede ser “en seco” o “en húmedo” (Jiménez, V., 2008).

En determinadas industrias, el uso del agua puede afectar la calidad de los alimentos, por lo tanto, se realiza una limpieza en seco. No obstante, la limpieza en húmedo sigue siendo necesaria. En estos casos, se debe establecer una planificación, definiendo la fecha y la frecuencia de la limpieza en húmedo.
Esta tarea la realiza una persona que domine el proceso y conozca a fondo los requisitos de higiene necesarios para la inocuidad de los alimentos.
Algunos ejemplos de empresas que requieren este tipo de limpieza en seco son la industria de panificación, así como las de condimentos y especias.

Por su parte, en los servicios de alimentación, se recomienda una limpieza en húmedo diaria, la cual, por lo general, puede realizarse al final de la jornada de trabajo. En este tipo de empresas, la cantidad y tipos de suciedades son considerables, pues se manipulan diferentes tipos de alimentos, entre otros: leche, huevos, carnes, hortalizas, frutas, granos y cereales.
La limpieza física se puede aplicar de dos formas: la limpieza manual y la limpieza mecánica. Ambas son igualmente satisfactorias, si se realizan bien.





