Este tipo de establecimientos están obligados a identificar y controlar los peligros de contaminación que pueden ocurrir en sus procesos, para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos contaminados.
El incumplimiento de esta responsabilidad puede acarrear graves consecuencias de imagen y económicas para la empresa, en caso de que ocurra un brote de enfermedad alimentaria. Entre estas se pueden citar:
- Pérdida de prestigio y reputación.
- Demandas y quejas por parte de la clientela insatisfecha.
- Personal desmotivado.
- Ausentismo de personal.
- Necesidad de volver a capacitar al personal.
- Vergüenza.